esto es una ponencia que leí en las jornadas filosoficas de la uat
espero les sirva...
“Hay ciertas ridiculeces que deben ser dichas y para eso existe el filosofo. Al menos Platón declara literalmente, del modo más formal y en la coyuntura más solemne, el filósofo tiene una misión de ridiculez. No se crea que es cosa tan fácil cumplirla. Requiere una especie de coraje que ha solido faltar a los grandes guerreros y a los más atroces revolucionarios. Estos y aquellos han solido ser gente bastante vanidosa y se les encogía e ombligo cuando se trataba simplemente de quedar en ridículo. De aquí que convenga a la humanidad aprovechar el heroísmo del filosofo.”
José Ortega y Gasset
I.
Me siento en la silla rota, con los pies subidos a un costado, los brazos cruzados, con la cara vacía, frente a una mesa un poco sucia, hay hojas, libros, algunos hombrecitos han acampado bajo los textos del alcohol; los ángeles bajaron ayer, me trajeron la noticia: Dios murió. ¡El viejo había al fin muerto! Al principio me dio miedo, pensé en los locos, en los suicidas que guardan sus esperanzas de redención en él, pensé en la soledad que invadiría el mundo, en mi madre, en los tristes…
Ayer, también oí rumores sobre algo que se estaba planeando, sujetos que vencieron su miedo a la ridiculez, sujetos que planeaban el futuro del mundo tras esta tragedia, bebían vino en algún bar, recordaban, murmuraban…
No tengo duda que uno de estos sujetos ridículos, haya sido el que, producto de su desolación, después de muerto Dios y en el margen de sus exequias, se le haya ocurrido la grandiosa idea de la ética fundamentada en el progreso y la superación.
Me imagino a la humanidad preparando el mejor de los sepelios, muchos de ellos filósofos mirando el ataúd, y con él las esperanzas de sustentar una vida, preguntándose ¿Qué sigue? ¿En qué o quién sustentaremos nuestras acciones? Algunos, los más inteligentes, en su depresión se suicidaron, porque lo único que ven es el vacío en el que están parados.”
La ética, vaya, qué ocurrencia tan redentora, enciendo un cigarro, pienso en dios, doy un suspiro y sonrío un poco antes de comenzar el día caminando en el nihilismo, pensando que tal vez el hombre tendrá un telos, un por qué estar actuando, estará parado en una torre tan sólida que ni Satán Bush Laden la derrumbe con su juego de aviones.
II.
El edificio llamado ética es sólido, sin embargo tiene un fundamento bastante dudoso, quizá estemos yendo muy rápido o entrando muy de golpe en el problema y hayan surgido la duda fundamental y con la que debo iniciar este trabajo: ¿Qué es la ética? bajo esta pregunta sencilla, parto en respuesta tranquila y simple. José Ferreter Mora, en su Diccionario de Filosofía, define la ética desde su raíz etimológica: Ethos que quiere decir costumbre. Pero no es la ética nuestras costumbres, sino la que puede dar razón de ellas, la que las analiza, la que las cuestiona, luego, lo que podemos definir como ética es una teoría de la moral, entendiendo a moral como nuestra constante práctica de relación social. Es entonces la ética el análisis racional de nuestra práctica cotidiana, de nuestro actuar e interactuar en relación con lo otro, los otros y lo otro que soy yo.
En este sentido, la ética justifica nuestras acciones, las determina si son buenas o malas, justifica los actos y nos dice que actuemos de un modo u otro, esta plantea un objetivo que se sustenta en la superación de nuestros males, de nuestros errores, en el progreso de lo humano, por ejemplo la ética cristiana que se fundamenta en la posibilidad de la salvación, la redención y el paraíso, esa promesa nos va haciendo crecer, es una “historia de superación” en la cual en algún momento de nuestra historia podemos llegar a ser felices, o a superar nuestras contradicciones. Este final feliz, el telos, no solo es religioso, o vemos en la política también. La justificacion de los actos por un final feliz.
Esto implica la mejora del hombre, se supone, con la ética, la superación de sus contradicciones, buscando su esencia, su naturaleza humana, sea para corregirla o recuperarla, como Rousseau que pide se recupere, pues el hombre en estado de naturaleza es bueno, o lo contrario con Hobbes, para él el hombre en estado de naturaleza es malo, la sociedad lo ayuda a corregir sus intrínsecos conflictos.
El problema aquí es que vemos el supuesto de una naturaleza humana, eterna, inmutable, como los menciona la doctora Mercedes Garzón:
“Ambas posiciones, la una optimista, la otra pesimista, se mueven sin embargo, dentro de la misma suposición: ambas reconocen una naturaleza humana eterna, inmutable, que debe ser mejorada o recuperada” (GARZÓN, Mercedes: 1995, 14)
Una naturaleza humana sustentaría una ética y un fundamento de progreso y superación, y esto nos causaría entender la historia de manera lineal, avanzado, siempre adelante, superando os males, creciendo, siendo mejores cada vez, en ese sentido como podríamos justificar la bomba en Hiroshima, o sin irnos tan lejos, Tlaltelolco… o más actual, Acteal. La pregunta básica es ¿De verdad en nuestros muchos siglos de razonamiento que han sustentado la ética con esta idea de progreso y superación hemos progresado y superado nuestros males? ¿Avanzamos hacia delante? Luego ¿Nuestra historia es lineal? ¡No! Esto un puede justificarse, no puede entenderse, no puede ser defendida, por lo tanto no hay superación y progreso, porque la historia no es lineal entonces esta ética no puede ser real, ni entenderse, ni justificarse y mucho menos defenderla.
Con esto no estoy diciendo que la ética deba morir, como los postmodernos podrían pensarlo, sí es posible una ética pero no bajo esos sustentos, sí es posible pensar en una ética, pero parada sobre el vacío.
III.
En este momento hago una brevísima pausa para que si algún radical quiere puede correr de esta sala, azotar las puertas, jalarse los cabellos; o algún otro planee asesinarme, puede hacerlo ahora, antes que termine de plantear esto
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IV.
Si nos paramos en la idea de que somos posiblemente mejorables, y vemos la historia de manera lineal, y creemos que podemos alcanzar la emancipación de nuestros males, es necesariamente patético, sobre todo si Nietzsche ya nos liberó de ese yugo al matar a dios, a todo el sustento de una ética, a toda la idea de redención y de premio por ser bueno, en el fondo entendemos que es miedo de sabernos arrojados, sabernos seres histórico-finitos. Nos empaña el espejo nuestro temor, cuando nos descubrimos caminando hacia la muerte, sabernos desplegados entre el nacimiento y ella y ver que tampoco nosotros podemos darle sentido ni sustentar nada.
No puede existir el sustento de la ética, pero sí una ética sin sustento progresista, y sin embargo el sujeto se pretende poner como sustento de la superación, el sujeto mira a todos lados, no ve mucho, solo se encuentra a sí mismo, y se come otro cuento: es él quién todo lo hace posible, la finalidad es que se auto-someta, se auto-engañe, se auto-complazca y olvide su finitud, sienta que está bien así, que él todo lo puede, todo lo entiende, el sistema, le lanza la idea de que es el rey del universo gracias a su razonamiento, inventa aparatos para nuestra comodidad, al tiempo que hace una bomba de bacterias para acabar con lo vivo, inventa una vacuna para la rabia, al tiempo que planea como conquistar territorio, como progresar, como superarse.
Vive en el reino de los individuos y se adhiere a los planes político-ideológicos de la modernidad. Se complace en el yo, en el psicologisísmo, cree que Narciso está vivo.
“El narcisismo cumple, en este caso, una misión de normalización del cuerpo, el interés febril que tenemos por el cuerpo no es en absoluto espontáneo y libre obedece a imperativos sociales tales como la línea, la forma, el orgasmo.” (Ibíd. 61).
V.
Con esto hay valores estándar, como la relación personal y el respeto por la singularización, que se nos presentan como único medio para ser verdaderamente uno mismo: “joven, esbelto, dinámico” como diría Mercedes Garzón. Estas efimeridades, nos permiten la percepción de lo nuevo de manera rápida, en un instante ya es viejo, lo ahorita novedoso se vuelve en un momento aburrido, se corre muy rápido y todo se va, nada se alcanza, lo único que está ahí es uno mismo.
El yo como fundamento único de la ética, la ética como esperanzadora, prometedora de bienes eterno y de superación del hombre… y el hombre tan pequeño y efímero.
VI. A guisa de Conclusión.
Si no podemos fundamentar la ética desde la historia lineal, con su dulce idea de progreso y superación, si no es posible que el hombre envuelto en sí mismo y siendo racional y contradictorio, pueda sustentar la fundamentación ética, por el pequeño hecho de que es finito, de que se va a morir, y si dios ha muerto y todos ya lo sabemos ¿Qué nos queda? ¿Sobre qué estamos parados? ¿Cómo podemos hablar de una ética sería, sin trampas? ¿Sobre qué debe sustentarse el análisis de nuestra práctica diaria de relación moral? Nos queda el nihil, y sobre él estamos parados, podemos sustentar la vida, la ética, en el vacío. Hablar de una ética nihilista, sin telos, sin visión progresista y de superación de males; una ética cruda, real, sin artificios que callen nuestras angustias y nos digan lo que queremos oír.
Mercedes Garzón dice:
“El delirio del hombre moderno de explicarlo todo y su búsqueda obsesiva del origen, lo han conducido a un pensamiento centrado en las categorías de finalidad y causalidad, pensamiento teleológico y determinista que pretende eliminar el azar, la indeterminación, y la relatividad. El abandono de estas categorías parecen dejar al pensamiento en el vacío.” (Ibíd. 79).
Qué nos queda si ya no hay telos, no hay superación, no hay progreso, no hay fundamentos. Nos queda despertar de nuestros sueños bonitos, nos queda dejar atrás nuestras ilusiones y certidumbres ya no hay tranquilidad ni felicidad; nos queda ser los aguafiestas, las malas conciencias… “la desconfianza ilimitada nunca duerme y desinfla la complacencia satisfecha.”
Esto nos queda, una ética en el vacío.
Miguel Ángel Zapotitla Pérez
30/09/06